sábado, 12 de mayo de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

Parte III


Moca no había dormido nada, como otro día cualquiera, pero este aun peor.
Sus ojos le delataban, e incluso encendió la caja tonta para ver si conseguía dormir al menos un poco.
Estaba tumbada en el mullido sofá, con las ojeras marcadas y el pelo revuelto.
Miró el reloj.
Esperaría al menos una hora para ir a la cafetería.
Se levantó y fue al baño para darse una ducha que la despejase.
Aunque estaba más despierta, seguía somnolienta.
Oía latidos de corazón a lo lejos, no venían de su pecho, si no de su cuarto. En concreto de su cajón de las sonrisas.
Lo abrió y cogió el vestido de estampado de golondrinas.
No le importaba pasar frío.
Salió a la calle, con el bolso lleno de libros y una cabeza llena de pájaros.
Nuevamente, se dirigió hacia la cafetería. El simple hecho de recorrer aquel camino le daba vértigo.
Antes de entrar miró por el escaparate por si veía a Café, pero solo vio gente sin importancia.
Con una mano indecisa y unas piernas temblorosas más por los nervios que con el frío, abrió la puerta.
Clinc clinc
La campanita asustó a Moca, que maldijo por lo bajo aquel artilugio.
Miró a la puerta del almacén, pero esa puerta no se movió.
Moca se dirigió hacia su sitio de siempre, que se hallaba nuevamente vacío.
Abrió el bolso y sacó los libros que reposó con suavidad en la mesa.
Cerró los ojos e inspiró el aroma a café. Pero una voz interrumpió su imaginación.
- Pequeña Moca...
Abrió los ojos sobresaltada y le vio.
Él estaba ahí.
Café.
Su Café.
Con esa sonrisa pintada en sus labios siempre permanente.
Parecía un poquito más mayor, su pelo era más largo e igual de revuelto que antiguamente, y sus pequitas seguían bañando su cara dándole ese aspecto tan dulce e infantil.
Moca no sabía qué decir ni qué hacer, bajó la mirada totalmente ruborizada.
- No digas nada pequeña. Toma, un café moca, le puse un toque de canela. Como antes.

martes, 8 de mayo de 2012

Despedidas y desapariciones

Ayer hablando con una amiga por twitter dijo que se planteaba la idea de desaparecer un tiempo por Internet.
La verdad es que esos momentos si te los pide el cuerpo, es mejor hacerlos.
Yo lo hice, desaparecí pueeees hace 1 año y pico, recuerdo que estuve 4 meses incomunicada con gente a la que tenía mucho aprecio y que obviamente perdí por mi egoísmo. Solo unos se quedaron, y me atrevo a decir que no era lo mismo de antes.
Lo expliqué, pero hay gente que o no me entiendo o no me quiso entender,
Desaparecer está bien, pero...¿ hasta cuándo?
Creo que últimamente con esto de Internet tenemos la necesidad de estar siempre conectados, cuando faltas un solo día, en cualquier red social ya te preguntan qué te ha pasado.
¿Estamos locos?
Igual que hay gente que vive conectada hay gente que necesita desconectarse un tiempo, meditar, o simplemente estar contigo mismo, delante de la pantalla o no, pero solo.
Os aseguro que más de un día he estado sentada, en esta misma silla desde donde escribo, con el PC encendido, la música puesta y yo simplemente enredando con el pelo con la música puesta de fondo.
Durante horas, 2 horas, incluso 3.
Son momentos que una necesita, y ahi está. Luego vuelves al mundo "real", te conectas y sigues como si nada.
A veces me entran ganas de desaparecer, pero son tantas cosas por dejar atrás que solo de pensarlo me entra ya el remordimiento.

martes, 1 de mayo de 2012

Papel.


Siempre quise ser actriz, pero me es casi imposible interpretar decentemente un papel.
No puedo dejar de ser yo misma
Por eso, cuando tuve que hacer el papel de chica dura, solo lo hice por tu bien, no por el mío.
Ojalá supieras que yo lo pasé incluso peor que tú, que yo también lloré, y que también me marchité en la cama sin pensar en nada.
No es lo mismo llevar ese papel detrás de una pantalla o detrás de un teléfono que al final comunica.
En persona me habría derrumbado.
No soy de hielo, y lo sabeís.
Hay mucha gente que pide explicaciones, pero hay cosas que directamente no se pueden explicar.
Quizás no sepáis ni a que me refiero, ojalá si.
Así que pido perdón, pero os aseguro que si no hubiera sido así, habría sido peor.

miércoles, 18 de abril de 2012

Impotencia.

Hoy me ha pasado algo terrible. Bueno igual no es tan dramático pero me ha hecho incluso llorar.
Digamos que hace un tiempo que he estado escribiendo una historia y tal, desde hace bastantes años, y tenía ya unas 200 y pico páginas. El caso es que suelo escribir sólo cuando estoy verdaderamente inspirada, y hoy lo estaba. Hacia por lo menos 3 meses que no había vuelto a escribir, asi que he ido a buscar el documento.
Y no, no lo he encontrado.
Me dije "igual lo guardé en otra carpeta". Cosa que me extrañaba, pero bueno.
Después de 1 hora y media, usando el buscador, mirando 1 a 1 todas las carpetas de mi PC he llorado como una magdalena. Ha desaparecido, se ha esfumado. No está.
¿Y ahora qué? Voy a intentar encontrarlo sea como sea, con programitas que me han recomendado por si lo hubiese borrado *cosa que juro por todo lo que existe que no he hecho.*
Así que espero tener suerte... digamos que en papel solo tengo 90 páginas *si llegan*
Estoy bastante jodida la verdad...

miércoles, 11 de abril de 2012

Parte II




Quién iba a decir que esa chica sumergida era Moca.
Había cambiado.
Su pelo, ahora caoba, ondeaba lentamente en el agua, mientras, ella, con los ojos cerrados y relajados, soltaba pequeñas burbujitas de su respingona nariz, que subían muy lentamente hasta la superficie.
Cuando notó que sus pulmones se quedaban sin aire, emergió el rostro del agua.
Se quedó quieta, sentada en su bañera tan blanca que podía confundirse con el color de su piel,que hacía tiempo que había olvidado dorarse al sol.
Moca, desde el último día que pisó la cafetería notaba un dolor extraño en su corazón. Era como si le presionara el pecho.
Sabía que tenía que remediarlo cuanto antes, porque ese dolor la estaba martirizando.
Y también sabía qué tenía que hacer.
Aunque le costase.
Salió de la bañera con cuidado. Posó sus pequeños pies en la alfombra del suelo y se giró hacia el espejo.
Se miró en él mientras se secaba el pelo con una toalla blanca.
Estaba mucho más delgada, consumida como una rosa marchita.
Su rostro desprendía un aire de sueño continuo, el insomnio hizo mella en él.
Tenía unas ojeras pronunciadas, como cuando las olas del mar dejan su marca en la arena.
Los pómulos habían perdido volumen y sus labios se confundían con el blanco de su tez.
Moca había perdido vida.
Después de un rato largo Moca estaba decidida.
Fue a su cuarto, buscó en su cajón de sonrisas a ver si encontraba alguna, pero estas se habían desvanecido con el paso del tiempo.
Sólo había ropa mustia en ese cajón, estaba ese vestido veraniego con estampado de golondrinas que tanto le gustaba a Café.
Cerró el cajón y buscó en su armario prendas que le calentaran de este álgido invierno que se colaba en las calles de la gran ciudad.
Antes de salir, cogió dos libros que tomó suavemente de su estantería y los metió en su bolso marrón.
Nada más pisar la calle, la punta de la nariz se volvió roja y fría y las manos se congelaron.
Hacía un año que no pasaba por aquella cafetería pero sus pies recordaban el camino a la perfección, así que fue se dirigió automáticamente hacia la dirección correcta.
De lejos divisó la pequeña cafetería.
El pulso se le disparó y notó como su corazón pretendía escaparse de su pecho.
Estaba en frente de la puerta, no sabía cómo había llegado tan rápido.
Se quedó un tiempo pensando, pero al fin abrió la puerta.
Un sonido de una campanita acompañó el paso de Moca, esta miró sorprendida el nuevo complemento de la cafetería.
El olor del café inundó a Moca en un mar de recuerdos.
Buscó con mirada perdida a Café, pero solo vio gente sin importancia y en la zona de la cafetera no había nadie.
Moca se acercó hacia el mostrador y pudo distinguir entre las rendijas de la puerta del almacén una sombra.
Esperaba ansiosa por ver el rostro de Café, pero entonces notó ese olor a vainilla.
Unos segundos después se abrió la puerta y apareció la joven muchacha de pelo rojo y olor avainillado.
AL fin Moca pudo ponerle cara a Vainilla. Ahora tenía el pelo más naranja que cuando la vio por primera vez. Se la imaginaba más hermosa, aunque no estaba segura si la veía así por el simple rencor que guardaba en su interior.
Vainilla se acercó a Moca y con una sonrisa de metal le preguntó qué deseaba.
De la boca de Moca sólo salió “Café”.
- Vale -dijo Vainilla entre risas- ¿pero qué tipo de café? Tenemos...

Moca veía gesticular a Vainilla, mostrando con una gran sonrisa cada uno de sus brackets y diciendo una larga lista de cafés que Moca no estaba escuchando.
Ella quería a Café, su Café con pecas.
Cuando vio que Vainilla acabó con la lista y esperaba a una respuesta, Moca simplemente pidió un café con leche.
Se dirigió hacia su sitio favorito que afortunadamente se hallaba vacío.
Cogió un libro de su bolso y justo en ese momento apareció Vainilla con el café con leche que dejó con sumo cuidado sobre la mesa.
En el momento en el que Vainilla iba a darse la vuelta para volver al mostrador, Moca le cogió con suavidad la muñeca.
- Perdona...
- ¿Desea algo más?
- Es simple curiosidad...quería saber si trabajaba alguien más en esta cafetería...
- Oh si, trabaja otro chico aquí, ¿es amigo tuyo? Si quieres puedo contactar con él...
- No no, no hace falta, era para saber si...
- Mañana si que estará, no te preocupes.
- Oh gracias...
Vainilla se fue sin más.
Y ahí se quedó Moca, pensando en el mañana.

miércoles, 4 de abril de 2012

Semana Santa

Doy gracias a Dios por estos días de fiesta, en los cuales no pienso ir a ninguna procesión y dedicaré mis vacaciones al descanso, al vicio, a la fiesta, al fumeteo, al bebercio y al sexo.
Gracias cristianos.